Apoyo a los hermanos durante los cuidados paliativos pediátricos | Carolina Caring
Logotipo CACR Light

Apoyo a los hermanos en el marco de los cuidados paliativos pediátricos

Cuando un niño se enfrenta a una enfermedad grave, el mundo de toda la familia da un vuelco. Como padres, vuestra atención se centra naturalmente en el niño que necesita atención médica, y con toda razón. Pero en medio de las visitas al hospital, las decisiones sobre el tratamiento y las emociones abrumadoras que acompañan al diagnóstico de vuestro hijo, es fácil pasar por alto otra realidad: vuestros otros hijos también están pasando por esto.

Los hermanos de niños gravemente enfermos suelen convertirse en testigos silenciosos de la crisis que atraviesa su familia. Puede que no comprendan del todo lo que está pasando, pero lo sienten todo: el miedo, los cambios en la rutina, la tensión en el hogar y, a veces, la soledad de ver cómo la atención de sus padres se aleja de ellos. En Cardinal Kids, el programa de cuidados paliativos pediátricos de Carolina Caring, hemos acompañado a innumerables familias a lo largo de estos retos. Sabemos que cuidar de toda la familia, incluidos los hermanos, no es solo importante. Es esencial.

Si tu familia está pasando por la grave enfermedad de uno de tus hijos, no eres el único que se pregunta cómo apoyar a todos tus hijos en este proceso. Hablemos de cómo reconocer lo que están viviendo los hermanos y de formas prácticas de ayudarles a sentirse vistos, escuchados y queridos durante uno de los momentos más difíciles a los que se enfrentará tu familia.

Cómo una enfermedad grave cambia la dinámica familiar

Cuando un hijo enferma gravemente, la vida familiar cambia de formas tanto visibles como invisibles. Comprender estos cambios puede ayudarte a darte cuenta de lo que pueden estar sintiendo tus otros hijos.

Atención y cambio de prioridades
Las citas médicas, las estancias hospitalarias y las responsabilidades del cuidado de un familiar consumen una enorme cantidad de tiempo y energía. Los hermanos pueden encontrarse de repente con menos tiempo para estar a solas con sus padres, perder actividades que solían disfrutar o tener que quedarse con familiares con más frecuencia. Incluso cuando estás físicamente presente, tu disponibilidad emocional puede verse limitada por la preocupación y el agotamiento.

Cambios en las funciones y responsabilidades
Los hermanos sanos pueden asumir nuevas responsabilidades, como ayudar con las tareas domésticas, cuidar de los hermanos menores o ser más independientes de lo que normalmente correspondería a su edad. Algunos niños superan estos retos a la perfección, pero también pueden sentirse agobiados o resentidos, aunque nunca lo digan en voz alta.

Cambios en el ambiente emocional
Los hogares que se enfrentan a una enfermedad infantil grave suelen tener un ambiente diferente. Puede haber más tristeza, más tensión y más conversaciones en voz baja a puerta cerrada. Las celebraciones pueden ser más discretas. Los planes cambian de repente. La previsibilidad y la seguridad que necesitan los niños pueden verse afectadas.

Los hermanos sienten lo que no pueden expresar con palabras
Dependiendo de su edad, los hermanos pueden experimentar una compleja mezcla de emociones para las que no encuentran palabras: miedo por su hermano o hermana, preocupación por sus padres, culpa por sentir celos o enfado, confusión sobre lo que está pasando y soledad. También pueden sentir que sus propios problemas son demasiado insignificantes como para mencionarlos en comparación con lo que está pasando su hermano o hermana.

Lo que viven los hermanos de niños con enfermedades graves

Cada niño afronta la enfermedad de su hermano de una manera diferente, pero hay ciertas experiencias que son muy comunes. Reconocer estos patrones puede ayudarte a comprender y atender las necesidades de tus otros hijos.

Miedo y ansiedad
Los niños se preocupan. Les preocupa que sus hermanos puedan morir. Les preocupa que sus padres estén demasiado tristes. Les preocupa que ellos también puedan enfermarse. Los niños más pequeños pueden desarrollar ansiedad por separación o nuevos miedos, mientras que los mayores pueden preocuparse por cuestiones prácticas, como la economía familiar o su propio futuro.

La culpa
Muchos hermanos se sienten culpables por estar sanos, por sentir ira o celos, por no poder arreglar las cosas o por querer llamar la atención. Algunos niños desarrollan un pensamiento mágico y creen que algo que hicieron o pensaron provocó la enfermedad de su hermano.

Celos y resentimiento
Es totalmente normal que los hermanos sientan celos de la atención que recibe su hermano o hermana enfermo, aunque racionalmente entiendan el motivo. Pueden resentirse por las alteraciones que esto supone en sus propias vidas o enfadarse porque sus necesidades pasan a un segundo plano. Estos sentimientos suelen ir acompañados de vergüenza, lo que hace que los niños se muestren reacios a expresarlos.

Aislamiento y soledad
Los hermanos pueden sentirse aislados de su familia, de los amigos que no comprenden por lo que están pasando y, a veces, del niño enfermo, cuya vida se ha alejado tanto de las experiencias que antes compartían.

Madurez superior a su edad
Algunos hermanos muestran una madurez extraordinaria, asumiendo responsabilidades propias de adultos o reprimiendo sus propias necesidades para no ser una carga para sus padres. Aunque esta fortaleza es admirable, los niños siguen necesitando ser niños.

Cambios de comportamiento
Presta atención a los cambios de comportamiento que puedan indicar malestar: regresión en los niños pequeños (enuresis, chuparse el dedo), problemas escolares, aislamiento social, comportamiento problemático, molestias físicas como dolores de cabeza o de estómago, dificultades para dormir o cambios en los hábitos alimenticios.

Consideraciones específicas según la edad para los hermanos

La forma en que los hermanos comprenden y reaccionan ante la enfermedad de su hermano o hermana varía considerablemente según la edad. Adaptar tu enfoque a su etapa de desarrollo les ayuda a asimilar lo que está pasando.

Niños en edad preescolar (de 2 a 5 años)
Los niños pequeños piensan de forma muy concreta y es posible que no comprendan que estar enfermo es diferente a estar herido. Pueden creer que su hermano se recuperará pronto o preocuparse de que estar enfermo sea contagioso, en un sentido muy básico. Son muy sensibles a los cambios en la rutina y a la separación de sus padres.

Lo que ayuda: Explicaciones sencillas y sinceras con términos concretos. Mantener las rutinas en la medida de lo posible. Mostrarles más cariño físico. Recurrir al juego para ayudarles a expresar sus sentimientos. Asegurarles con frecuencia que ellos no han provocado la enfermedad.

Niños en edad escolar (de 6 a 11 años)
Los niños de esta edad empiezan a comprender que una enfermedad puede ser grave y prolongada, pero es posible que no capten todas las implicaciones. Son pensadores concretos que quieren datos, pero los detalles médicos pueden asustarles. Además, son cada vez más conscientes de que son diferentes de sus compañeros.

Lo que ayuda: información sobre la enfermedad adaptada a su edad; la posibilidad de hacer preguntas; mantener sus actividades y amistades; reconocer sus sentimientos; y proponerles formas concretas de ayudar que les hagan sentirse útiles sin abrumarlos.

Adolescentes (de 12 a 18 años)
Los adolescentes son capaces de comprender todas las implicaciones de una enfermedad grave, incluida la posibilidad de la muerte. Pueden sentirse abrumados por cuestiones existenciales y sentir temor por el futuro. Además, se encuentran en una etapa de desarrollo en la que la independencia y las relaciones con sus compañeros son fundamentales, lo que genera conflictos cuando las necesidades familiares exigen su presencia.

Lo que les ayuda: información sincera y detallada; respeto por su necesidad tanto de participar como de mantener su independencia; la posibilidad de seguir con sus propias vidas y actividades; espacios seguros donde expresar emociones complejas; y el contacto con otros adolescentes que se encuentran en situaciones similares.

Formas prácticas de apoyar a los hermanos

Apoyar a los hermanos no requiere grandes gestos ni ser padres perfectos, sino voluntad, incluso en los pequeños detalles. A continuación te ofrecemos algunas estrategias prácticas que pueden marcar una verdadera diferencia.

Mantén una comunicación abierta y sincera
Habla con tus hijos sanos sobre lo que está pasando, adaptándote a su edad. Evita los eufemismos que puedan crear confusión. Responde a sus preguntas con sinceridad y, si no sabes algo, dilo. Crea oportunidades periódicas para que puedan hacer preguntas sin distracciones.

Es importante que les des permiso para expresar todos sus sentimientos, incluso los más incómodos, como los celos o la ira. Podrías decirles: «Está bien que te enfades porque hemos tenido que cancelar tu fiesta de cumpleaños. Entiendo que sea decepcionante».

Dedica tiempo a estar a solas con ellos
. Incluso 15 minutos de atención exclusiva pueden ser muy beneficiosos. Deja a un lado el móvil. Concéntrate por completo en ellos. Escúchalos hablar sobre su día, sus amigos, sus aficiones, cosas que no tengan nada que ver con la enfermedad. Estos momentos les recuerdan que siguen siendo importantes, que siguen siendo vistos y que su vida sigue contando.

Siempre que sea posible, procura que cada uno de los padres pase tiempo a solas con los hermanos sanos. Por ejemplo, un padre puede encargarse de acostarlos mientras el otro se queda con el niño enfermo, y al día siguiente se turnan.

Mantén las rutinas y la normalidad siempre que sea posible
Los niños se sienten seguros cuando saben lo que va a pasar. Aunque no puedas controlarlo todo, intenta mantener horarios regulares para las comidas y la hora de acostarse, así como las actividades semanales, siempre que sea posible. Haz que los hermanos sigan participando en sus actividades deportivas, clases de música, tiempo con amigos o cualquier cosa que les haga felices.

No canceles todos los planes cada vez que surja una crisis. A veces, los hermanos necesitan ir a su partido de fútbol aunque las cosas vayan mal en casa. No se trata de ignorar la situación, sino de confirmarles que su vida sigue siendo importante.

Inclúyelos (de forma adecuada)
Muchos hermanos se sienten mejor cuando se les incluye en el cuidado de su hermano o hermana de una manera adecuada a su edad. Esto puede consistir en visitarlo en el hospital, ayudar con tareas sencillas de cuidado en casa, hacer tarjetas para su hermano o asistir a reuniones familiares en las que se habla del tratamiento.

La inclusión debe ser siempre voluntaria, nunca obligatoria. Algunos niños quieren participar activamente; otros necesitan mantener las distancias. Ambas reacciones son válidas.

Esté atento a los signos de malestar
Preste atención
a los cambios en el comportamiento, el estado de ánimo, el rendimiento académico o las relaciones sociales. Recuerde que no todo el malestar es evidente; algunos niños se vuelven más callados y dóciles cuando están pasando por dificultades. Es útil preguntarles con frecuencia: «He notado que has estado pasando mucho tiempo solo. ¿Cómo te va con todo?».

Ponlos en contacto con el servicio de apoyo
. Los hermanos se benefician enormemente al relacionarse con otros niños que están pasando por experiencias similares. Pregunta a Cardinal Kids por los grupos de apoyo o las actividades para hermanos. Hablar con compañeros que realmente te entienden puede ser una gran fuente de apoyo.

Los orientadores escolares también pueden ofrecer apoyo y ayudar a los profesores a comprender lo que está pasando tu hijo. No dudes en compartir lo que está sucediendo con profesores o entrenadores de confianza que puedan ofrecerle una atención especial y más flexibilidad.

Cuídate
No se trata solo de ti: cuando estás agotado, tienes menos capacidad para cuidar de tus hijos. Acepta la ayuda de familiares y amigos. Recurre a los servicios de respiro cuando estén disponibles. Reconoce tu propio dolor y estrés. No se puede verter de una taza vacía, y tus hijos necesitan que estés lo más bien posible.

Mantener la cohesión familiar durante una crisis

Una enfermedad grave puede dividir a las familias o, por el contrario, unirlas más. Si te lo propones, puedes fortalecer los lazos incluso en medio de una crisis.

Crea momentos familiares compartidos
Busca pequeñas formas en las que toda la familia pueda estar junta. Puede tratarse de una noche semanal de cine en casa, de comer juntos siempre que sea posible o de rituales sencillos, como que cada uno cuente lo mejor y lo peor de su día. Estos momentos nos recuerdan a todos que seguimos siendo una unidad familiar, no solo personas que se enfrentan a una crisis.

Reconoce la experiencia de toda la familia
Habla sobre lo que está pasando vuestra familia en conjunto. Podrías decir: «Esto es muy duro para todos nosotros en este momento», reconociendo así que la experiencia de cada uno es importante. Comparte tus propios sentimientos de una forma adecuada a su edad; esto les enseña a ser sinceros con sus emociones y les recuerda a los niños que no están solos en sus dificultades.

Celebra cuando puedas
No dejes de lado toda la alegría. Celebra los cumpleaños, aunque sean más modestos de lo habitual. Conmemora los logros. Busca momentos para reír juntos. Estas celebraciones no ignoran la realidad, sino que afirman que la vida incluye tanto la tristeza como la alegría, y que tu familia se merece ambas.

Planifiquemos juntos el futuro
Cuando sea oportuno, involucra a toda la familia en la creación de recuerdos o en la planificación de actividades que todos puedan esperar con ilusión. Esto da a los niños esperanza y algo positivo en lo que centrarse más allá de las crisis médicas.

Reconozca las necesidades únicas de cada niño
Evite comparar a los niños o esperar que reaccionen de la misma manera. Es posible que un niño necesite hablar constantemente, mientras que otro procese sus emociones en privado. Puede que uno quiera ir al hospital todos los días, mientras que otro prefiera quedarse en casa. Respete estas diferencias en lugar de imponer un enfoque único para todos.

 

Cómo Cardinal Kids ayuda a toda tu familia

En Cardinal Kids, nuestro programa de cuidados paliativos pediátricos entiende que cuidar de un niño gravemente enfermo significa cuidar de toda la familia. No solo tratamos a su hijo, sino que acompañamos a toda su familia a lo largo de este proceso.

Nuestro equipo está formado por:

  • Médicos y enfermeros que prestan una atención médica especializada y pueden responder a las preguntas de tus hijos de una forma adecuada a su edad
  • Los trabajadores sociales que ofrecen asesoramiento y apoyo a los hermanos, ayudan a coordinar los recursos y facilitan las reuniones familiares
  • Especialistas en pediatría que utilizan el juego, el arte y otras técnicas terapéuticas para ayudar a los niños a asimilar sus experiencias
  • Capellanes que ofrecen apoyo espiritual y ayudan a las familias a afrontar juntos cuestiones difíciles

Podemos ayudarte:

  • Ayuda a los hermanos a hablar sobre la enfermedad de su hermano o hermana
  • Pon en contacto a los hermanos con grupos de apoyo entre iguales
  • Ofrecer asesoramiento individual a los niños que sufren las consecuencias de la enfermedad de un hermano
  • Ofrecer orientación sobre aspectos relacionados con el desarrollo y la comunicación adecuada a cada edad
  • Fomenta las reuniones familiares en las que se escuche la opinión de todos
  • Pon a tu familia en contacto con los recursos comunitarios y los servicios de apoyo adicionales

También somos conscientes de que las necesidades de los hermanos no desaparecen tras la muerte de su hermano o hermana. Nuestro apoyo en el duelo incluye asesoramiento especializado para niños, con el fin de ayudarles a asimilar la pérdida y a afrontar la vida tras la muerte de su hermano o hermana.

No estás solo en esto

/Cuidar detodos tus hijos mientras uno de ellos está gravemente enfermo es una de las cosas más difíciles que jamás tendrás que hacer. Habrá días en los que sientas que les estás fallando a todos, en los que no puedas estar en dos sitios a la vez, en los que te abrume la culpa. Esos sentimientos son normales. Estás haciendo algo increíblemente difícil y estás dando lo mejor de ti en una situación imposible.

Recuerda: tus hijos no necesitan que seas perfecto. Necesitan que estés presente, que seas sincero y cariñoso. Necesitan saber que todos sus sentimientos son válidos, que siguen siendo importantes y que vuestra familia superará esto juntos.

No tiene por qué afrontar esto solo. El equipo de Cardinal Kids de Carolina Caring está aquí para apoyar a toda su familia: no solo a su hijo con una enfermedad grave, sino a todos sus hijos y a ustedes como padres también. Entendemos los retos específicos a los que se enfrentan los hermanos y contamos con la experiencia y los recursos necesarios para ayudarles.

Si le preocupa cómo están afrontando la situación sus hijos sanos, o si simplemente necesita orientación para apoyar a toda su familia en este proceso, póngase en contacto con nosotros. Llame a Carolina Caring al 828.466.0466 y déjenos acompañar a su familia. Porque cuando un niño está gravemente enfermo, toda la familia necesita cuidados, y estamos aquí para proporcionárselos.

Más mensajes recientes